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El documental de Andrés Cedrón es una radiografía del modelo agroexportador y la riqueza que se va por los puertos sin control. Entre la belleza estética y la música del Cuarteto Cedrón, la película expone el contraste con la desigualdad y plantea alternativas a la privatización de la “hidrovía”. El director detalló los desafíos de un rodaje sobre el agua y el espejo del río Misisipi,

 

Una lancha atraviesa el Paraná. La cámara registra la escena desde arriba y la estela blanca de la espuma divide el lienzo marrón en dos. La toma es simétrica y paciente: espera que la embarcación se vaya de plano y quedan los ecos del oleaje. Así empieza el documental "Argentina sangra por las barrancas del río Paraná" y anticipa una doble apuesta.

Primero, una estética cuidada como sostén de una película política o de denuncia; búsqueda central del director Andrés Cedrón. Segundo, desliza una lectura posible: el encuadre nos sugiere que a un modelo económico (extractivista y que concentra la riqueza) se le puede contraponer otro distinto. Ese debate atraviesa al país desde su nacimiento y, aunque algunos lo resumen en la forma de una grieta partidaria, tiene raíces y disputas profundas.

El control del Paraná, su navegación y el comercio de sus puertos –que representa buena parte de la riqueza que se exporta al mundo– es un eje central de esa larga historia. No es casual que, antes de ese plano inicial de la lancha, el audiovisual de una hora y media cita a Manuel Belgrano: "Toda Nación que deja hacer por otras una navegación que podría emprender por ella misma, disminuye sus fuerzas reales y relativas en favor de sus rivales".

 


 

 

 

Autor: admin